Entendiendo la depresión
La base de todo así como el objetivo es entender quién eres. Esa comprensión traspasa lo intelectual y es el no entenderlo lo que nos hace estar en ese estado depresivo. El quién no se corresponde a una biografía. Al fin y al cabo ese estado de ánimo es un conjunto de emociones, sentimientos, pensamientos que dominan nuestra perspectiva. La clave aquí es entender su raíz, entender porqué estamos así y porqué no podemos salir. Y el entender su porqué no se refiere a las causas (aunque te cueste creerlo, lo que ha acontecido en tu vida no es lo relevante), se refiere a nuestra adhesión a esa información, se refiere a nuestra relación con ella y a la credibilidad que le otorgamos. Una persona que se encuentra sumida en un estado de ánimo alterado no es capaz de cambiarlo ya que se identifica con éste, esa perspectiva a través de la cual está viendo la vida, su pasado, presente y futuro, está totalmente viciada por un sistema de creencias y un mecanismo de pensamientos que se ha adueñado del resto de posibilidades y cuanto más se le alimenta consciente o inconscientemente más se apodera de nosotros, como si se tratase del algoritmo en las redes sociales por el cual cuanto más consumimos cierto tipo de contenido más nos aparece contenido relacionado, llega un momento que nos bombardea y que al no saber separarnos de ello, más daño nos hace y más alimenta dicha rueda cuyo colmo es el suicidio, ese es el colmo del ego. Considero que si no sabemos separarnos, es esencialmente porque no sabemos que existe la opción, no concebimos que podamos ser algo que no sea nuestra identidad. De hecho tu mente te convence de que no hay salida, de que no se puede mejorar porque de verdad no te ofrece otra opción, no la puedes contemplar. El laberinto del que quieres salir lo estás creando tú mismo y eso es lo que tienes que entender. Estos sentimientos, emociones y pensamientos repetitivos somatizan físicamente y es que este estado mental afecta a tu motivación, a tu memoria, a tu atención, a tu toma de decisiones, incluso a tu capacidad de disfrute… Lo envuelve todo, se come tu energía, por lo que llega un momento que literalmente no puedes salir de la cama porque además de que el trastorno mental ha alcanzado lo físico, tu mente tampoco te permite ver ninguna razón para hacerlo. Los únicos momentos en los que no estas sufriendo, son aquellos en los que no eres consciente, por lo tanto lo que duele es vivir, es estar vivo. Es decir, el filtro a través del cual percibes la realidad solo trae dolor, vergüenza, culpa, rabia… De hecho la tristeza que trae se debe a atestiguar como uno es incapaz de salir de ahí, es incapaz de sentir y percibir las cosas con normalidad y equilibrio, la tristeza se debe a la nostalgia de saber que antes tenías otra percepción de la realidad. Llegando al punto en el que lo único que te sostiene que es aquello que te permite ser consciente del indescriptible sufrimiento por el que estás pasando no ve otra opción que acabar con todo, porque mentalmente no es capaz de concebir otra opción que haga que deje de sufrir. Y por si todo esto fuera poco, salvo alguna excepción que haya pasado por este infierno, tu alrededor no va a comprenderte, es algo que tienes que asumir, simplemente no pueden, de hecho en muchos casos su ayuda resultará contraproducente. Esa falta de comprensión provocará aislamiento ya que por desgracia tu alrededor juzgará tu situación, te dará ánimos bienintencionados pero vacíos ya que no vienen de una empatía pura y además quien de verdad te quiera, sufrirá por ti, lo cual tampoco ayudará. Es jugar con absolutamente todo en contra, ya que como hemos dicho tu filtro está completamente viciado, roto, trastornado… Y es ese filtro el que a su vez te está diciendo que no hay nada que hacer. Y es aquí donde está la clave, la oportunidad, la comprensión profunda y sanadora… ¿Qué es ese filtro? ¿De dónde viene? Comprendemos que es la mente, comprendemos que son valoraciones, comprendemos que éstas vienen de circunstancias, de vivencias, de aprendizajes, de significados que atribuimos… ¿Y quién hace todo eso? El yo, ¿Quién es ese yo? Ese nombre, esa biografía, esa historia llena de carga emocional, esos recuerdos… ¿Acaso no son también un pensamiento, una idea, una perspectiva condicionada de la vida que es totalmente variable y dependiente, en la que decido creer? ¿Acaso no puedo observar cualquier cosa que me venga a la cabeza, cualquier creencia…? El sufrimiento que padezco se debe a la no consonancia entre el deseo que tiene este «yo» de la vida y lo que está ocurriendo. Pero precisamente ese sufrimiento lo estoy creando al identificarme con las expectativas de esa perspectiva condicionada a la que llamo «yo». Por tanto llega un punto en el que entiendo que aquello que pueda observar no soy «yo», que mi verdadero yo es el conjunto de posibilidades y no la posibilidad limitada en sí misma, por lo que cualquier cosa que se pase por mi mente puede ser observada y no «comprada». Que cualquier cosa que pase por mi mente no es más que un conjunto de símbolos que sólo existen en función de la credibilidad que le atribuya. Que no tienen significado en sí mismo, sólo tienen el que «yo» les atribuya. Que soy completamente libre, porque lo único que me encerraba era el olvido de mi ser y la identificación con el «yo» y su perspectiva condicionada de los acontecimientos. Es aquí donde uno entiende que esta comprensión sobrepasa lo intelectual, porque accede a un estado fuera de lo dual donde no hay mente que clasifique, donde lo que traiga la mente no tiene ningún peso porque entiendo que sólo se trata de una interpretación que no tiene ningún poder sobre mí. Detrás del concepto, donde no hay concepto, en el puro presente, donde tu perspectiva condicionada no ha filtrado la realidad atribuyéndole un significado, donde simplemente es, sin concepto, sin definición, sin separación. Esa paz que tan desesperadamente buscamos y que creemos que encontraremos cuando se cumplan todas nuestras expectativas, paradójicamente se encuentra ya en nosotros, es lo que ya somos, son esas expectativas la que la separan de nosotros, somos nosotros los que nos hacemos infelices. Y es esa la oportunidad clave que nos está trayendo una depresión, el entender quien realmente somos a través del desprendimiento del ego, el aferramiento a ese «yo» y sus creencias y expectativas es lo que nos está haciendo sufrir y quitándonos la paz y para ello hay que:
1 Entender quién eres
2 Adoptar esa posición en la cual no me identifico con mis pensamientos, emociones… (el propio ego traerá la preocupación, el miedo de «¿entonces qué soy?» debido a la tremenda adicción y costumbre).
3 Desde este lugar (amor, paz, agradecimiento…) no requiere esfuerzo evaluar si esos pensamientos, emociones, sentimientos van alineados con lo que soy o no, me dan energía o no. Por lo que «entreno» el hábito de observar un pensamiento antes de comprarlo, siendo aplicable a todo, incluso a mis creencias más arraigadas.
4 El ego y su mecanismo de pensamientos al ser tan sofisticado presentará en tu mente situaciones de peligro, alarmas, miedos… lo que sea con tal de que te vuelvas a aferrar a él. Sólo debes recordar que por muy real que parezca o se sienta, no deja de ser el mismo producto ilusorio susceptible de interpretación. Por ejemplo, se presentará como un abismo el cuestionamiento de tus creencias y la cantidad de cosas con las que te identificas y a las cuales tienes apego; te hará sentir desnudo y lleno de dudas, pero insisto, eso una vez más vuelve a ser producto de tu mente y no tienes porqué identificarte con ello, ni comprarlo por muy lógico que parezca, es tu propia trampa. A nada le tenemos mayor adicción que a nuestra manera de percibir el mundo, sólo cuando la observamos desde el ser podemos ver que es ilusoria.
5 Al entrenar esta observación de la propia mente, podrás comprender que es aplicable a absolutamente cualquier pensamiento o emoción. Es decir, que este estado desde el que observas es inalterable y que ningún pensamiento puede ser verdad, que la verdad es informe y que cualquier pensamiento es una forma, una interpretación.
6 Aprender a acceder al «interruptor», tu mente debido a su manera de funcionar te «secuestrará» ya que llevas toda una vida identificándote con pensamientos y emociones, pero una vez has entendido quién eres siempre podrás adoptar la posición del observador y deshacer la narrativa que te provoque cualquier sufrimiento, revirtiendo el ciclo de pensamientos y emociones que han trastornado tu estado de ánimo, consiguiendo adueñarte de tu equilibrio.
7 No importa dónde estés, ni cómo, ni con quién, ni lo que te pase, ni los pensamientos que tengas, sólo importa los pensamientos que te creas.
